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1st

La delgada línea roja de la democracia

linearoja Los telediarios no los veo por una cuestión de salud mental, pero cuando aún ojeo los periódicos, me sorprendo sobremanera, a veces incluso me enojo y la mayoría de las veces no entiendo.  Como es posible que no sea capaz de ver la grandeza del Estatuto catalán, como es posible que no entienda que trabajare menos, que pagare menos impuestos, que las autopistas serán gratis, que los radares me harán una foto pero solo de recuerdo, que los mozos me los encontrare en las rotondas para darme los buenos días, que podré ir a 80 por las rondas en vez de estar parado y todo ello por mi bien, que podre trabajar en Barcelona con mi coche y sacar algo más que para pagar las multas, que los recibos del agua, luz y electricidad serán justos y no reflejaran la incompetencia y el lucro de sus gestores, que la administración no me pedirá el padrón municipal si tengo el DNI actualizado, que por fin seré primero un ciudadano y luego si cal una persona de la que desconfiar, y no al contrario como ahora que nada es valido si no esta conformado varias veces por fedatario publico u organismo, que posiblemente recibamos subvenciones para tunear el coche, que las obras de nuestra casa con suerte las financiara el Palau, que para ver los toros (no me apasionan, nunca he ido) tendremos que ir a España o Francia, que formaremos parte de una gran familia donde el gran ojo vigilara por nuestra identidad y nuestro compromiso, teniendo gran cuidado en que nadie salga del redil identitario y uniforme.

Disquisiciones aparte, quiero desgranar, la democracia con la que se elaborado el estatuto y el resto de las leyes y decretos leyes.

Partamos de convencionalismo tantas veces oído, la democracia es el mejor sistema de gobierno que conocemos y aceptémosle.  Como concepto es perfecto, pero las instituciones y el contenido se lo dan las personas, importante, las personas que eligen los partidos en función de lealtades y vasallaje, como decía un político de la transición el que se mueve no sale en la foto.  El no ser critico o mantener una disciplina fue algo muy oportuno y ventajoso en la transición, lo importante era una misma idea y un mismo fin, llegar al final de un periodo y gobernar en democracia, fue posible por la unidad de las voces y sobre todo por el carisma y el sentido común de los lideres del momento.

Piensen una transición con los políticos actuales, o en un equipo de redactores de la Constitución.  No tan siquiera es posible plantearlo.  La mediocridad y la falta de sentido político es lo que más abunda en la mal llamada clase política.

En el momento actual nuestro sistema político esta plenamente maduro, y necesita mecanismos que lo protejan de todo lo contrario que en la transición.  Lo que atenaza a la democracia actual es la corrupción, la mediocridad, el inmovilismo y la falta de critica.  Ha de ser mas participativa y elaborar mecanismos para atajar los abusos de los gobernantes.  Cuatro años de gobierno incompetente o con personas faltas de capacidad o débiles pueden llegar a poner en cuestión la convivencia de forma muy grave.  Parece imposible pero es factible.  del mismo modo que nadie pensaba que tras tanta abundancia sucedería una época como la actual.

Se han de potenciar las listas abiertas, las elecciones primarias y hacer los partidos políticos abiertos y receptivos a las inquietudes  sociales, las reales.  También se han gestionar mecanismos para actuar de forma automática cuando un político pierda el norte, o cuando una institución sobrepase la línea roja.  Nadie en este país, sea Agamenon o su porquero, tiene el mínimo derecho, repito EL MINIMO DERECHO, de poner en cuestión y menos en peligro el modelo de convivencia que los españoles hemos elegido después de una guerra y 40 años de sometimiento.  Se han de articular mecanismos de forma inmediata para devolver a su sitio a los políticos que no son dignos de representarnos, los que sobrepasan la línea rojo.

Y lo que no se puede permitir, ya lo he dicho muchas veces, es ser un déspota aprovechándose de la etiqueta democracia.

dic
6th

El deseo guardado

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bocadillo calamares Había sido un día normal y por tanto monótono, parecido a los ya acumulados, por eso era conveniente darle un poco de emoción generando el deseo, el ansia, el premio a la espera.  No era fácil pero si posible.

Yo ese día ya tenia planes, y mis pensamientos ya estaban creando el escenario, solo faltaban los elementos más comunes y para ello era conveniente salir a la calle, de paseo.  El objetivo era darse un festín, una gran cena, de las que estaban a nuestro alcance y eran habituales, solo faltaba el bocadillo de calamares con mahonesa, y ese era mi objetivo más inmediato, mi deseo guardado, y para ese fin era conveniente utilizar todos los medios.

Me arregle convenientemente con mi uniforme de paseo, recién afeitado, con la cara totalmente abrasada por el roce de la maquinilla eléctrica y unos escozores insoportables, agravados por el cuello de cura y el broche del uniforme, faltaba pasar la revista del sargento y la calle y el bocadillo de calamares serian míos.  ¡Mierda! el sargento se queda mirandome, las quemaduras de la cara no le impresionan y me manda en cinco segundos a salir de la formación y terminar de quemarme la cara, el afeitado según su criterio no reunía las normas que un buen soldado debía de lucir. ¡Mierda y mierda! salgo corriendo, todo por el bocadillo, y me aplico la maquinilla por la cara, el escozor es insoportable y realmente más afeitado ya no es posible con esa máquina, consigo que la cara se me enrojezca debido al grado de las quemaduras.  Cuando vuelvo la formación ya estaba saliendo y el sargento ni me mira lo bien que me había quemado, mejor.  Ya estoy fuera.

Tenia tiempo y varias opciones, pro decidí buscar el bocadillo de inmediato, había esperado tanto ese momento que no pude evadir el deseo, además el uniforme me acentuaba el dolor de la cara y quería volver y ponerme cómodo.

Podia haberme quedado sentado y comerme el bocadillo acompañado de algún compañero que estaba en el bar, pero ese día mi imaginación habia preparado un festin intimo entre los calamares y yo, lo demás hubiese sido traicionar el puro deseo guardado.

Volví presuroso al cuartel con mi bocadillo liado en papel grasiento y con cuidado de no mancharme, al entrar en la compañía había un grupo de compañeros en la entrada viendo la tele, pase de largo, con mi tesoro secreto bajo el brazo.  En mi litera deje el bocadillo en la cama, lo mire con lujuria y estuve a punto de morderlo, pero no lo hice, me di la vuelta y abrí la taquilla para cambiarme mi incomodo uniforme de paseo por el de faena, y en eso estaba al tiempo que mi boca y mi estómago empezaban a segregar jugos y mi imaginación se deleitaba de placer pensando en el bocadillo de calamares con mahonesa, que por fin estaba sobre la litera esperándome.

Sin haber terminado me di la vuelta y, ….NO……NO…..¡MIERDA!…..¡MIERDA!

Que rabia, que horror, que impotencia, el bocadillo estaba sobre la litera, mejor dicho, el pan abierto estaba sobre la litera, los calamares habían recobrado vida y habían desaparecido.  Que fracaso.  Tanto sufrimiento, tantas quemaduras y ese gran momento roto hicieron que los jugos se convirtieran en bilis y el deseo guardado en rabia. MUCHA RABIA.

Como estaba convencido de que los calamares jamás me hubiesen abandonado por motu propio, rápidamente intuí que algún idiota de los que estaban viendo la tele había provocado las risas de su publico gracias a mis calamares.  Y digo idiota porque ya que se pone ¿porque se dejo el pan?, el que se comiese los calamares y dejase el pan me enfureció aún más, era un equipo, formaban un todo, que sentido tenia uno si y el otro no.

Me acerque al grupo en silencio pero con un volcán interior a punto de estallar, con el pan en las manos, me quede inmóvil unos segundos y de forma tranquila y con tono amigable pregunte quien había sido el gracioso, no salió nadie, pero eso carece de importancia, lo peor fue que ninguno hizo el menor gesto de reconocimiento de mi presencia, lo cual era extraño y los delato, había alguien en el grupo culpable y que los tenia acojonados.  Pero yo en ese momento sentía mucha rabia así que formule de nuevo la pregunta, subiendo un poco el tono de la voz con la intención de romper la sordera de los presentes, no había respuesta, pero para cabezón yo.

Lo siguiente fue ir aumentando el tono de la voz y el insulto, distanciando la frase y poniendo énfasis en las palabras:  QUIEN_HA_SIDO_EL_CABRON_QUE _SE_HA_COMIDO_MIS_CALAMARES.

No hubo que insistir mucho, de repente, sin saber de donde había salido, una gran mole me levanta y me pega un empujón.  Salgo volando y de bajada me estrello con las primeras taquillas, noto como la guerrera de paseo que aún llevaba puesta estalla y dispara todos los botones dorados, creo que sin llegar a tocar el suelo, de forma automática, como si hubiese caído sobre un muelle me abalanzo sobre él y como una tenaza le agarro del cuello, parecía su corbata, aquel tío era enorme, intentaba salvarse de mi pero era imposible la adrenalina había cerrado el candado de las manos y solo una contraorden mía haría de llave.  Entre gritos y golpes el resto de compañeros consigue separarnos, no por solidaridad, por miedo a que algún superior entrase y castigase la pasividad.

Todo quedo aclarado, ningún compañero mío  cometió tal atropello con un bocadillo de clamares, todos éramos conscientes de lo que significaban en nuestras vidas, en ese trance de soledad y transición.  El sujeto en cuestión era de los recién llegados y no había establecido aún su conexión con los bocadillos de calamares con mahonesa..  Supongo que con el tiempo entendería porque unos malditos y asquerosos calamares provocaron tal reacción, tanta pasión desenfrenada.  Supongo y espero,  porque los calamares nunca me lo agradecieron.

oct
5th

LA OJERIZA O EL USO DEL ODIO LATERAL

castigo Hubo una época en la niñez, que duro hasta ya entrada la temprana adolescencia, donde la presión y persecución de una persona mayor, en este caso el maestro, convertía los momentos e instantes de vida preciosos en situaciones de injusticia incomprendida por el cúmulo de angustia y culpabilidad que esa persona arrojaba por una simple ojeriza sobrevenida, en mi época esta ojeriza solía terminar con la ejecución de castigos físicos ejemplares y sobre todo dolorosos.

Nunca pude entender, ni ahora entiendo, la ojeriza que ciertas personas con trato sobre niños como profesores, tutores, entrenadores, educadores, monitores…  pueden ejercer sobre ellos, sobre todo por la diferencia de criterio y madurez que siempre existe entre ambas partes.

Supongo que estas situaciones se producen por incomprensión del niño o adolescente que hurga en algún mecanismo oculto o acciona alguna fobia de la persona mayor, puede ser por un grado de timidez del niño odiosa, por su atrevimiento, por evidenciar una falta de autoridad, por dar muestras de chulería, por llevar gafas, por ser feo, por ser gordo, porque su padre o madre no caen bien, o simplemente por alguna carencia psicologica de la persona que ejerce este odio lateral.

Tengo muy presente una reunión política en la que se hizo el amago de lapidar al hijo de un político defenestrado por el simple hecho de ser su hijo, sin importar nada más, al mas puro stalinista.  Por supuesto no se hizo, al menos en mi presencia.

abr
23rd

Cuando éramos niños

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tapazollisevenskyejp5 Hace tiempo, mucho tiempo, cuando éramos niños o tal vez niñas y, la inocencia estaba en nuestro cuerpo, como están los ojos, sucedían cosas que de vez en cuando vienen a la memoria rastreando el camino, un recuerdo que no ha perdido su validez, algo que forma parte de nuestra vida.

Son muchas las cosas que cualquiera puede enumerar, la lista de relatos se haría longuísima e innecesaria a todo aquel ajeno a ellas.  Pero tal vez en cada una de nuestras vidas exista una o varias historias que valga la pena contar.

 

mar
13th

SUEÑOS EN EL AGUA

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Me tumbe en el lecho helado de un río,

miraba el movimiento metálico del agua,

mientras el sol,

daba vueltas como loco,

había perdido el horizonte y buscaba

desesperadamente

a la luna.

Apaga tu luz, me dijo una voz secreta y veras

a la luna en tu

penumbra.

Me acorde de ti sin verte, sólo escuchaba

el llanto del agua

mientras corría.

Me tumbe en el lecho helado de un río,

para despertar de mi sueño,

cierra los ojos y sueña, me dijo una voz secreta,

y soñaras,

como despiertas del sueño.

mar
6th

La Chatarrería del señor Baldomero

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chatarreria Para alguien que no lo haya vivido le puede resultar difícil imaginar lo maravilloso de visitar una chatarrería cuando eres niño, pero lo soberbio era tenerla al lado de casa y ser amigo del chatarrero, la vida en aquellos tiempos era minimalista y todos los objetos tenían un valor y un significado, la chatarrería era un centro comercial donde se exponía gran parte del mundo, usado, pero entrañable.

Yo debía de ser un niño muy obediente, quizás muy cuidadoso y ordenado, le caía bien al señor Baldomero, de todos los niños de la calle al único que le permitía el acceso libre era a mi, a veces, cuando buscábamos algo concreto también entraban mis amigos.

En aquel recinto, con su olor tan característico, se encontraba toda la sabiduría del mundo, del mundo sencillo y humilde que nos correspondía, para un niño curioso aquello significaba el paraíso. Yo pasaba grandes ratos con el señor Baldomero, unas veces le ayudaba arrancando el cobre de las bobinas, separando el hierro del metal o del cobre, para mi todo eran metales, lo había aprendido en la escuela, pero el llamaba metal a una especia de acero de color oro pálido, era lo de más valor junto al cobre y al aluminio.

Cuando podía que era la mayoría de las veces, me despistaba y disimuladamente me lanzaba a la aventura, a la búsqueda de descubrimientos, aquello era una selva llena de sorpresas. Me excitaba, viendo y tocando, desarmando y destripando toda clase de aparatos y artilugios.

Aquello estaba organizado en dos grandes montones, uno para los cacharros y otro para el papel y el cartón, en el centro estaba la sala de operaciones y más al fondo, todo el material ya clasificado. La prensa del papel estaba justo al lado de su montón, estratégicamente separado de la pared para poder calarse por detrás y permitir pasar el alambre que ataba los fardos de papel.

La mayoría de los aparatos estaban heridos de muerte y tenían un destino claro, tras el despiece, sin embargo, en el lado del papel se amontonaban toda clase de libros revistas y tebeos en perfecto estado, no les faltaba nada ni el olor entrañable a papel impreso. No lograba entender como la gente se desprendía del algo que estaba en perfecto estado y que quizás llevaba mucho tiempo entre ellos, comencé a cogerle cariño a todo aquel papel abandonado y me empeciné en rescatar todo aquello que me interesaba de su fatal destino en la prensa. Hice una pequeña biblioteca de joyas de papel, aquellos libros y tebeos eran otro mundo nuevo, el sargento gorila, Roberto Alcázar y Pedrin, El Capitán Trueno y otros muchos personajes fueron obsequio del señor Baldomero.

De allí surgió también mi primera bicicleta, pesada, hecha a retales, sin frenos, sin luces, un verdadero disfrute y una máquina apta para producir mataduras y rasguños.

El señor Baldomero y su chatarrería forman parte de la memoria y de los sueños de unos tiempos con pocas abundancias y con muchas miserias. Para aquel niño aquel era su mundo y seguramente no lo hubiese cambiado por ningún otro tesoro que no fuese la chatarrería del señor Baldomero.

mar
1st

Espejo cibernético

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espejo cibernetico Miraba la silueta de su cara reflejada en el filtro de la pantalla del ordenador, entre sombras violetas, veía su rostro apagado, la luz solo definía de forma fugaz el brillo de su frente, la nariz y el dibujo leve de su boca. Le gustaba verse sin verse.

La mesa estaba cargada de papeles totalmente desordenados, como si hubiesen sido colocados por un golpe de viento, y aquella habitación no era precisamente el marco donde se sentía protegido, el silencio y la desolación hacían de aquel cuarto un recinto carcelario, sentía necesidad de salir de allí, escapar, aunque solo fuese a través de su mirada perdida en aquel espejo cibernetico que dibujaba su rostro.

A ratos miraba el teléfono con gesto de interrogación, con ansias de que el sonido de su timbre lo liberara, le abriera las alas para volar, era el único instrumento capaz de acercarle, de llevar su voz, la única voz capaz de romper toda aquella presión. Pero todo permanecía en silencio.

Intentaba concentrarse en ella, ponía tanto empeño que incluso se olvidaba de respirar y las venas de sus sienes se hinchaban como inyectadas de aire, parecía ser estrangulado por unas manos invisibles que lo atenazaban sin piedad, cuando la falta de aire le golpeaba la conciencia, dos grandes puños aporreaban la puerta de su soledad.

ene
23rd

La inteligencia

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Sample007 El agua es agua, la inteligencia sólo es inteligencia. Pero así, como el agua tiene unas características concretas en función de su origen, de su roce entre piedras, del lecho por el que ha sido guiada, de la porquería con la que ha sido contaminada. Así, también la inteligencia tiene diferentes matices y sensibilidades, depende de su origen, de los componentes que la han ido formando. Hay una inteligencia apta para la ambición, otra para la política, otra para el arte, otra para las ciencias, unas más duras y otras más blandas, pero todas validas. La dificultad reside en saber que clase de agua debemos beber, no todas son iguales.

Hay unas inteligencias con más prestigio que otras, unas más deseadas y con más posibilidades de triunfar en el hábitat natural y salvaje. Pero la inteligencia de cualquier clase, como el agua, si nadie la aprovecha, al final desaparece en la gran inmensidad del mar. Deja de existir.

ene
11th

Los puentes de la soledad

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soledad.jpgEl veneno correría rápidamente por su cuerpo, nada lo podía parar, en unos instantes todos y cada uno de sus poros estarían empapados, contaminados, a merced de las alucinaciones. Solo cabía esperar los efectos benignos de la mordedura y disfrutar mientras tanto de sus hermosas sensaciones. Un mundo de sueño y aislamiento giraba a su alrededor, nada le importaba, no podía resistir la embriaguez, ni quería.

Estaban sentados en una de las mesas del bar, frente a la barra, tomando un café antes de comenzar las clases, una rutina necesaria para no caer en el sopor de las aulas.

- Sabes que ella esta enamorada de ti, que esta loca por tus huesos, pero no se lo digas, me lo ha contado como un secreto

Él quedo muy sorprendido, incluso asustado.

- ¿Que dices? y porque te lo ha dicho a ti.

- Supongo que porque no se atreve a decírtelo a ti y como yo soy tu amigo. Que importa.

Una sensación de zozobra se apodero de él, se sentía traicionado, descubierto, a pesar de estar con su mejor amigo. No sabia como reaccionar, se le acumulaba la rabia. Esas sensaciones recién descubiertas, ese mundo secreto de los dos había sido profanado, ya había más gente. Él lo había cuidado y protegido del exterior, no quería que nadie participara en ese intercambio de cómplices miradas, de deseo juvenil. Tenía temor de que alguien pudiera romper tanta belleza. No sabia si aquello era amor, de hecho la palabra amor le resultaba demasiado confusa, una palabra de adultos con muchas complicaciones. Sólo necesitaba su presencia, estar junto a ella, sentir su voz y reírse a carcajadas de cualquier ocurrencia, mirarla y dejarse arrastrar por los sentimientos, sin la complicación del amor, la palabra amor es poco duradera, su significado muere pronto. Aquello era más importante, estaba por encima del amor, una amistad cargada de estrellas, de nuevos descubrimientos, un refugio lleno de ternura, una isla donde refugiarse y sentirse protegido, caricias y besos furtivos, cuerpos juntos buscando la felicidad y turbados por el calor mutuo de la piel.

No, él no quería esa palabra extraña, gastada, le enfurecía el ruido de sus grilletes, su fantasmal y efímera presencia, su devoradora capacidad para destruir. Él quería una amistad sin barreras, con alas para perderse en busca de paraísos comunes, sin prisas por llegar a ningún sitio. Un mundo de belleza solo para dos. Todo aquello se derrumbo por un deseo irrefrenable de vivir, por la debilidad y la desconfianza de perderlo.

Los dos eran jóvenes, estaban descubriendo el mundo y sus ironías con toda su amargura, su capacidad de sufrimiento juvenil, el más solitario de todos, se iba a poner a prueba. Él quedo sumido en un abatimiento profundo, su máximo deseo era odiarla, pero era incapaz y le irrumpió el deseo de alejarse, tenía ganas de salir corriendo y no verla jamás. Sin embargo, al día siguiente la realidad se imponía, ella estaba ahí, cerca, cruzando la mirada con él.

Nunca he llegado a conocerla, ni se su nombre, forma parte de su tesoro íntimo. Conozco la historia y lo conozco a él, un viejecito amable, de palabra fácil y una profunda y cálida mirada. Es mi padre, se presento ante mi un día cualquiera y me sedujo para escuchar su historia. Yo estaba en mi habitación, escribiendo, buscaba las palabras justas y, de pronto me vi envuelto en un mar de ellas, engatusado por la hermosura del manantial que brotaba de cada uno de los rincones de su memoria, escudriñaba lugares remotos intentando dar nitidez a las imágenes borrosas de sus recuerdos, salpicarlas de vida.

Él quería que yo le escuchara, me quería evocar la vida de recuerdos, sus experiencias no compartidas. Yo por aquel entonces era joven y me gustaba contar historias, pero nunca había tenido nada interesante que contar. Su deseo era inmortalizar su vida de sentimientos, protegerlos del olvido, sabia de los caprichos de la muerte, según decía se tuteaba con ella, pero no quería que su historia muriese con él. Me contaba que a la muerte hay que arañarle todo lo que se pueda, como inevitable que es, al menos que se lleve solamente nuestro cuerpo, los despojos nada más, el resto de lo que somos y pensamos hay que dejarlo aquí. Ese es el único triunfo frente a ella.

Sus palabras salían limpias, a raudales mientras los ojos se le iluminaban, de vez en cuando me miraba fijamente y hacia algún comentario, profundizaba en pequeños detalles, desgranaba aspectos vitales de su andadura, nada había pasado por su vida gratuitamente, desarmaba todo aquello que le llamaba la atención e intentaba buscar el porque de todo, era un impulso superior que no podía dominar, salvaje e instintivo.

Ella no sabia nada, no presentía ni era consciente de su violación, tampoco sospechaba su reacción, posiblemente creía que su acto era un acción de valentía ante sus sentimientos. Él la miraba con rencor contenido, intentando descifrar la causa de su deslealtad en el destello azul de sus dos océanos, sin mediar palabras, ella sonreía, esperaba encontrarlo como siempre, pero descubría una situación fría, parecía no haber ocurrido nada pero se interponía una distancia abismal. Ninguno de los dos hizo el más mínimo comentario. Eran dos volcanes llenos de vida, a punto de estallar, pero con destinos diferentes, forjaron un muro de cristal donde continuamente se estrellarían. Se podían atravesar con las miradas, acariciarse con el pensamiento, pero nunca sentirían el calor y las risas como antes. Los dos estaban poseídos por el miedo, miedos diferentes pero nacidos en el mismo vientre, salidos de la profunda oscuridad de la juventud.

Yo había descubierto en él, después de muchos días de placida charla, una capacidad de síntesis abrumadora, insultante a veces, cuando hablaba o actuaba tejía puentes entre situaciones y conceptos que el suponía sabidos por la otra persona. Puentes a los que él volvía y cruzaba de forma pausada, pero que en el instante mismo de trazarlo, el otro, si no lo había imaginado al mismo tiempo quedaba paralizado, confuso, incluso despreciado. No era esa su intención, pero su vida era su pensamiento, y su pensamiento vivía y caminaba cada segundo frenéticamente. Él se adelantaba, cuando estaba al otro lado, nadie más estaba allí, el creía que si, porque los veía, pero estaba solo. Muy solo. En muchas ocasiones nadie cruzaría nunca por allí. Ese muro de cristal que el me contó, no fue nunca un muro de cristal, estoy seguro que fue uno de esos puentes imaginarios que ella nunca descubrió y que no pudo cruzar, han seguido el mismo río por orillas diferentes. Terca y absurda es la vida, hubiese bastado una sola indicación, un solo grito para darse cuenta de donde estaban y tenderse la mano.

Cuando pienso en ello, creo ver uno de esos puentes entre él y yo, difuso, nada claro, en realidad debe de haber muchos más. Pero creo adivinar que él si sabia en que orilla estaba ella y donde estaba el puente que ella debía cruzar. Quería que ella lo descubriese, sola, era el castigo a su traición, él era consciente que de esa forma se castigaba también él, por su silencio y por su orgullo.

Los encuentros se producían, pero ya cada vez más fríos, eran indiferentes, él se distanciaba y ella luchaba por descubrir aquel misterioso mutismo. Él estaba herido y ella encabritada y los dos, náufragos y perdidos en un mar que los engullía ya sin remedio. Él decía que no pasaba nada, pero ella notaba su huida, lo que sería el rechazo más hiriente y más doloroso de su vida.

Él opto por el silencio y el desaire, porque no quería destruir aquellas sensaciones. En cierta manera su intención era retirarse, perderse en un lugar solitario de su imaginación y curar sus heridas, para luego volver. Desaparecer en silencio, sin despedidas. Pero el destino los mantenía cerca. Ella no sabia si estaba herido o si quería desaparecer, solo sabia que él estaba ahí y no la veía. Como consecuencia de la insistencia de ella y el rechazo de él, ambos rebotaban cada vez con más fuerza, se hacían daño, sus heridas empezaban a sangrar lágrimas de rabia e incomprensión mutua. Nunca el silencio ha sido tan brutal y desgarrador.

El mundo de dos se partió y cada uno con el mundo que le pertenecía busco otros mundos donde ubicarse, un lugar donde encontrar la paz y la felicidad perdida.

Ella llena de rabia, se endureció, aplacó sus sentimientos y los meció hasta dormirlos en un rincón de su corazón, luego intento ahogar su desgarrador sufrimiento en otras miradas, en otros brazos, en otros hombres, buscaba y buscaba siempre insatisfecha algo que había escondido en su intimidad. Vulnerable y desnuda trataba de evitar que el corazón se le agrietase y perder su pequeño cofre de vida, su pequeño tesoro, su gran sentimiento enmudecido. Tejió un mundo propio y descubrió en la vida su mayor valor. Vivir y aprovechar todos los resquicios, llenar cada una de las grietas y satisfacer todos los deseos. Aprendió a dominar la angustia de su corazón porque sabia el secreto depositado en el, y en los momentos de soledad cuando la nostalgia la inundaba, a escondidas, miraba su interior y descubría su resplandor, su luz perenne. Todo estaba en orden. Era entonces cuando una descarga de felicidad le recorría su cuerpo y la arrastraba al mas placentero de los sueños.

Para él, aquello supuso una nueva etapa, un camino lleno de confusión, de dudas, de total incertidumbre, buscaba un bálsamo que pudiera cerrar las heridas, un empeño lleno de escarpados esfuerzos y vertiginosas caídas. Su instinto y su coraje le proporcionaron la droga contra el dolor, se imponía no perder el tren de la vida, el de la juventud ya estaba descarrilado. Creó dos espacios vitales, totalmente estancos, sin comunicación posible, uno real, que imponían los acontecimientos y otro intimo, muy personal, lleno de sueños y figuras, de ideas y también de soledad, mucha soledad ahogada en lágrimas, y mucha rabia contenida.

Cuando me contaba esta personal forma de protegerse, me daba cuenta de que el dolor que le asustaba, no era el físico sino el emocional. Su apreciación del mundo era muy positiva, y la vida dentro de él muy hermosa, a pesar de sus amarguras, lo importante, al final, es que la vida no pase desapercibida, las dificultades forman parte de nuestro camino y nos permiten valorar y disfrutar con más amplificación y sabiduría los pocos momentos de paz, los descansos. En realidad el transito por este mundo no habría de ser tan complicado si la conciencia o inconciencia del ser humano no tendiese a complicarlo. La sencillez de la belleza se transforma en sinuosa cuando la voluntad intenta modificarla. «La lucha por la supervivencia, el canibalismo social, es lo que más nos aproxima a las bestias, embrutece y enturbia el orden natural» decía.

Aquel refugio de su imaginación, aquel escondite de tan difícil acceso, lo llevaba siempre como equipaje, era su paraíso y su infierno. Allí soñaba sus sueños mas bellos, allí pintaba los paisajes mas verdes, los ríos mas blancos, las nubes más azules y respiraba el aire más limpio, allí montaba su mundo de armonía, a su antojo y capricho, una y otra vez. También allí con los recuerdos, los anhelos y las horas no vividas, con todo el ritual de un verdugo, se torturaba y languidecía hasta que hacia aparición la tristeza, la mas lejana, la que esta al borde del abismo. Me advirtió de lo peligroso de este abandono, había ocasiones en las que era muy difícil salir a la realidad, la lucha era con uñas y dientes para no dejarse caer, para agarrase a la vida, la cantos de la tristeza son muy tentadores. Aprendió a jugar al borde, a darle la mano y pasearse con ella. Utilizaba la música, un tipo de música, no toda, le servia de guía en aquella oscuridad y le marcaba los tiempos, cuando cerraba los ojos y se abandonaba, la tristeza venia y se arrojaba en sus brazos, notaba sus caricias sus seductoras palabras, su agradable presencia. Cuando la música terminaba, al abrir los ojos, le brotaban hirientes hilos de lava que le abrasaban el alma. Pero se alegraba porque siempre la vencía. Además sabia que allí, junto al abismo, siempre estaba ella, con su cofre de luz perenne, esperándolo.

Por aquel entonces la vida comenzaba a brotar, los tiempos estaban cargados de cambios, la historia de este país emprendía un nuevo rumbo, eran días de duelo para unos y de nuevas ilusiones para otros, los ciudadanos se desperezaban de un largo sueño, él también se encontró inmerso en estos cambios profundos, no entendía nada, tan solo sabia que aquel fatal personaje del que tanto había oído hablar había dejado de existir. Seria en ese mismo bar y en ese mismo instituto donde tomaría conciencia de toda aquella marea que se desataba.

oct
10th

El Muro

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el-muro.jpgLogró fundir la gran pared de hielo que durante tanto tiempo habia permanecido como un obstáculo entre los dos, y contempló con una profunda desilusión como aquel muro al deshacerse en pequeñas gotas de amistad, contenía solamente la estupidez acumulada de todo el genero humano y se preguntó, con una tristeza convertida en lagrimas, como el tiempo, tanto tiempo perdido, había sido caprichosamente arrancado de su vida.

Maldijo una y otra vez el no poder recuperar lo perdido, notó como un hachazo le amputaba algo que nunca había sido suyo.

Arremetió contra todo, al fin y al cabo -penso- siempre nos queda algo, el vacío solo es posible con la muerte, y continuó paseando por la sequedad del paisaje. Para él los paisajes eran incompletos si por alguno de sus rincones no brotaba el agua.

El agua es la vida.