Ya falta menos para el comienzo de las anunciadas profecías, primero la reforma laboral, los recortes en prestaciones y sueldos y luego por fin la tan esperada subida del IVA.
Antes de continuar quiero insistir una vez más en los momentos extraños, por no decir decadentes en los que nos encontramos, es importante remarcarlo, creo que están en el origen y causa de la falta de soluciones, La falta de ideas, la uniformidad, la incompetencia ilustrada, la falta de compromiso, el oportunismo y la clientela, son rasgos definitivos de nuestros tiempos, y como decía en el escrito anterior intervencionista y paternalista.
Empecemos con un supuesto, mi negocio va mal tiene muchos gastos superfluos, en absoluto dirigidos a la productividad, pongamos fiestas, coches, delegaciones ociosas, viajes, comidas, despachos con moqueta, cargos sin demasiada relevancia ni funciones pero que entorpecen la labor de los demás departamentos. Vista la situación y como disponemos de un cuerpo técnico formado en excelentes centros, hemos decidido aumentar los precios de venta para salir de esa situación, ingresando más, podremos mantener nuestra poco eficiente estructura. ¿Que como hemos tomado una medida que el mercado no aceptara? Simplemente hemos copiado la política del gobierno con la subida del IVA e impuestos.
Volvamos con la uniformidad, clientelismo y falta de ideas. Supongo que todos hemos viajado y visitado pueblos y ciudades, hemos observado la diversidad de cada uno de ellos, pueblos o lugares con vida propia, cada uno con algo diferente, todos han ido creciendo con su propia identidad.
Observemos ahora como ejemplo, los pueblos alrededor de Barcelona, hace unos años sucedía lo expuesto anteriormente, cada uno era diferente tenia identidad propia. Ahora no. Las políticas municipales uniformes, supramunicipales, marcan la pauta, como sucede en la sociedad civil actual, los pueblos están perdiendo la identidad, las rotondas, la inserción de montículos en las calles, la colocación de hierros al paso de los coches, el urbanismo especulador, el cobro de las multas por entes supra y la falta de compromiso hacen lo demás. Un verdadero fiasco.
Hace unos días visité a un amigo, es una persona de éxito, un día decidió lanzarse y se convirtió en empresario, con sus dotes y conocimiento del sector ha conseguido mucho en poco tiempo, y cuando digo mucho me refiero sobre todo en calidad de negocio y abanico de posibilidades futuras, es un “empresaricultor”. Una persona con capacidades innatas fuera de los común en su capacidad de hacer “amigos” y destilar complicidad en los negocios, sobre todo transmite buenas vibraciones, serenidad y humanidad. No es un santo, pero ha puesto en los negocios algo perdido en casi todos los ordenes de la actividad humana, precisamente la humanidad, los valores humanísticos que no tardaremos en reivindicar como algo necesario para salir de la desorientación en la que nos vemos inmersos y ahora además acentuada por una crisis económica.
Una pugna judicial mata de hambre a un millar de ovejas en apenas diez meses